Vanuatu por fin! Navegando por el Pacifico Sur

La aventura de mi vida y uno de mis grandes sueños cumplidos.


Llevaba años soñando con un destino que por causalidades de la vida llevo 20 años señalándolo en mapas y coleccionando historias que alimentaban mis ganas de visitarlo. Cada vez que escuchaba sobre ese lugar, mi imaginación volaba: paisajes, cultura, tradiciones y rincones paradisiacos. Vanuatu, en el Pacífico Sur, algún día viajaría allí.


Y cuando otra causalidad de la vida, mi querido Bark Europa decide cambiar la ruta de verano del Atlantico al Pacífico, y precisamente parando en Vanuatu, me sentí la persona más afortunada del mundo.



28 dias de navegación desde las Fiji, parando en varias islas de Vanuatu y llegando hasta Nueza Zelanda. FUCK YES! Ese es mi viaje!

Finalmente, el día llegó. Sin expectativas, cargada de incertidunbre y algo nerviosa por la azaña a la que me enfrentaba, pero más feliz que una perdiz y 2 dias de vuelos hacia lo desconocido y BULA! Bienvenida a las ilsas Fiji.

Un par de días de aclimatación, baños sanadores en el mar, dormir y conocer a parte de los que serían mi compañeros de viaje.



Y llegó el dia en que nuestros caminos volvieron a cruzarse 6 años después de la increible expedición a la Antartida,.. y volví a enamorarme de ella. De sus más de 100 años de historia, de su belleza sin igual, sus 3 palos, 24 velas y 56 metros de eslora. Mi querido Bark Europa, qué ganas tenía de verte!


El nombre Europa hace referencia al mito griego que narra como Zeus, convertido en toro, atravesó el mar con Europa a lomos hasta Creta, siendo ambos representados en el mascarón de proa con una cabeza del toro blanco y una mujer desnuda.


Zarpamos


Primer día de briefings, formaciones y familiarizarse con el barco. Me trae tan buenos recuerdos, localizo mis rincones favoritos, ahora en chanclas y con otros compis, pero los nervios por la aventura se sienten igual.


29 pasajeros. Dos grupos diferenciados, los jovenes desde los 18 a los 28 hacen piña y se burlan del resto, los boomers o casi rozando, como alguno de nosotros. Buen ambiente, risas y sensación de una pequeña gran familia. Poco a poco, los personajes van apareciendo, y no me puede gustar más saber y conocer a todos y cada uno de ellos.


Primera parada: Bounty Island. Una pequeña isla super tranquila nos recibe con buen snorkling alrededor del arrecife, lleno de estrellas de mar azules, corales de colores y dos tiburoncitos de arrecife que nos saludaron. Y tiempo de relax y paseos sobre arena blanca. El fin del día se llena de cervezas en la happy hour, fuego en la playa y ceremonia del Kava (un te muy raro que te da cosquillas en la lengua y te coloca un poco, pero poco)  para cerrar un día perfecto en la isla de la serenidad.

Un kava al día, da alegría.

Llegar al barco agotada por el día lleno de emociones, y dejarse caer en cualquier rincón del barco para observar las estrellas es otro espectáculo que disfrutar en silencio, con pensamientos de ida y vuelta.










Al dia siguiente llegamos a Denarau, un puerto deportivo y un pueblito que nos regaló un dia tranquilo para conocer los alrededores y hacer algunas compras antes de zarpar definitivamente para Vanuatu.

Compras y risas y volver justo a tiempo para la cerveza y la música de los violines y guitarras que llenan la cubierta del Europa, y todos cantamos tatareamos suavemente. Un alegre grupo de músicos, en un puerto demasiado lujoso, nos convirtió sin duda en el espectáculo de la noche, todo al más puro estilo Europa.




Izamos velas. Las islas Fiji se quedan  atrás y Vanuatu se acerca cada vez más. Avanzamos a buen ritmo con buen viento del sudeste de 20-25 nudos. Nos familiarizamos con el sistema de guardias: 4 horas de curro y 8 horas de descanso, aunque siempre hay algún trabajo que hacer en el barco, así que en realidad nunca hay tiempo de descanso: Cambio de configuración de velas, recogerlas, lijar y pintar, charlas en cubiertas random o lanzar al agua la maquina recoge microplásticos de The Ocean Cleanup, una ONG holandesa que trabaja en la limpieza de plásticos en océanos y un proyecto que nos acompaña en este viaje.



Empezamos a sentirnos a los mandos del Europa. El capitán fija el rumbo y cada guardia hace lo posible por mantenerlo. Ella responde bien al timón y sabe adónde queremos que vaya, pero a veces puede ser un poco testaruda quiere jugar con las olas y cabalgar sobre ellas.





No hay muchas experiencias que te hagan sentir tan cerca de la naturaleza. Sentirse tan pequeño, rodeado por la inmensidad del agua, sin haber visto otra embarcación en días. Saber que el 70% de la Tierra está cubierta de agua te hace reflexionar. Piensas en la vida desconocida que vive debajo de nosotros, y en cómo lo que parece un desierto acuático, es en realidad un mundo en sí mismo.


Días de navegación a vela y por fin,... Vanuatu a la vista. 


Cambio de bandera ;)





Primera parada Luganville (Espíritu Santo) junto con un nuevo tripulante, Sandy, un guía local de Vanuatu que nos desvelará los secretos de estas hermosas islas en los próximos días. El buen rollo invade la cubierta, especialmente con buena navegacion donde la musica acompaña al viento que mece las velas siempre con música en directo.



Lluvia y champán. Llueve todo el día. 

Ahora sabemos por qué Vanuatu es tan verde. Nos despertamos al ver nuestro primer desembarco. Champagn beach en la bahía de Lonnoc. Los colores del agua son brutales, la arena llena de coral blanco lo que ayuda al contraste de los veintemil azules que brillan bajo la lluvia bajo un cielo gris y negro. Y ella, al fondo rodeada de bruma y custodiada por frondosos bosques verdes. Postal.







Llovía a cántaros, aún así algunos aceptamos el tiempo y decidimos organizar una escapada al pueblo, a ver que encontramos montaña arriba, mientras esperamos a que el jefe de la aldea y dueño del restaurante de la playa, nos abra el chiringuito para comer.

Increible la gente, en su dia de iglesia dominical con la eterna sonrisa. Ver a los niños jugar, bajo la lluvia.





Disfrutar de la comida en compañia de compañeros de aventuras, ya una pequeña gran familia.


Water music. El agua es sangre y la sangre es conexión. 


Y nos vamos hasta el Riri Blue Hole, un lugar super especial donde llegamos en canoa para darnos un baño en aguas cristalinas y además, disfrutar de una locura nunca antes vista ni oida, música hecha con el agua. Un espectaculo en si mismo. 





Las canciones de los intérpretes tradicionales de música acuática de Vanuatu se acompañan de una rica banda sonora selvática de cantos de pájaros y susurros de hojas. 





El espectaculo es asombroso, la historia y tradición que hay detrás es aún más maravillosa. 












Y llegamos a la isla de Ambrym, esta se presentó como una masa verde y exuberante de vegetación tropical. Desde un pequeño claro en la cima de una colina se distinguía una escuela, y pronto los niños comenzaron a correr hacia el mirador, saludando y gritando con entusiasmo. La tripulación respondió haciendo sonar la bocina del barco, desatando la euforia de los pequeños. La emoción era mutua: marineros y lugareños se saludaban frenéticamente con binoculares y aspavientos.









Subimos hasta lo alto de la colina donde la vegatación era más cerrada y donde aparecieron antiguas tallas de rostros, que representaban a los ancestros del pueblo. UNa forma de dar la bienvenida al lugar sagrado de ceremonias. Y ahí empezó la ceremonia.






El gran jefe, un hombre de complexión delgada que irradiaba sabiduría y responsabilidad, vestido con atuendo tradicional nos saludó en su lengua tribal. Un jefe menor de rango inferior traducía. Un tercer hombre, de impresionante barba blanca, interpretó una breve pieza con una flauta de bambú.


Y al ritmo del tambor, los hombres empezaron a pisar con fuerza en un ritmo que el narrador sintió reverberando en la tierra cálida. Espectaculo super emocionante.







Cita del día: ‘You have to understand that we, as sailors, venture the open seas in boats built of a material which doesn’t float – so we have to have some level of optimism’ - Captain Hans 

Navegar,..








Atardeceres










El día amaneció con dos grupos, uno de snorkel con dugongos y otro visita al poblado. Me uní l segundo, una caminata por la jungla tropical de aproximadamente una hora, que los llevó a una aldea donde conocimos a su alcalde, a sus habitantes hospitalarios que nos ofrecian sus frutas y sus sonrisa vergonzosa mientras Paul ,Trish y yo repartíamos cuadernos y lapices de colores, balones y otros regalos lo que ayudó a congregar a todos los niños y a jugar con nosotros. Maravilla.















Al amanecer levamos anclas de las Maskelyne y navegamos a motor hacia la isla de Efate.  



Un pequeño grupo nos aventuramos para hacer una par de immersiones que fueron sencillamente espectaculares, coloridos corales, peces y pececillos, y tantas tortugas que perdí la cuenta. Turtle whispe. Increible! Mención especial al dive master quien nos hizo miles de fotos pero resultó que llevaba la gopro al revés y el resultado fue su careto x40 fotos ;(






Esa noche hubo un Braai a bordo. Una fiestuqi con decoración de farolillos de colores, comida y bebida, música y uno de los mejores atardeceres que recuerdo. Otra maravilla del día.






Mañana llegamos a Port Vila, la capital. Un poco de civilización, tiendas, bares y vida para variar, vanuatu style. 





Agua, tierra y fuego. 


Nuestro último día en Vanuatu nos encontró anclados frente a la isla de Tanna. Otro sueño a cumplir, subir hasta el cráter del Monte Yasur, la oportunidad de mirar directamente a la boca del volcán más activo de Vanuatu. 

El trayecto hasta la base del Yasur fue largo, apero una oportunidad ideal para ver parte de esta isla. Lo que comenzó como mar y playas de arena negra rápidamente se transformó en densa jungla tropical. Helechos arborescentes, mangos y, por supuesto, palmeras cocotera ocupaban cada centímetro de tierra, con helechos epífitos y enredaderas trepando sobre su masa, cada uno luchando por labrarse un espacio en la tierra fértil. Frente a cada casa había un pequeño puesto de verduras: pak choi, lechuga y repollos eran los más abundantes. Era evidente que el volcán, tosiendo nutrientes desde las entrañas de la tierra, proporciona vida y sustento al entorno y, a su vez, a la gente de Tanna. 

Tras serpentear sobre colinas empinadas, avistamos el Monte Yasur. La vegetación desapareció en un paisaje de otro mundo: arenas negras que en realidad eran ceniza volcánica pura esparcida en capas. Lo que parecían nubes resultó ser vapor, azufre y ceniza. Llegamos a un "estacionamiento" con un baño de volcán y una barandilla que el guía advirtió era "insegura para sujetarse".  Cuando alcanzamos la cima, las columnas de vapor ocultaban el cráter, hasta que algo inesperado comenzó: retumbos pesados desde el vientre de la tierra, un pulso de liberación de presión, y entonces la erupción. Trozos de roca líquida brillando al rojo vivo se expulsaron por el aire y descendieron de vuelta al caldero ardiente.










Ese día el Yasur estaba en nivel 2/5, es decir "agitación mayor". Pudimos distinguir dos calderos principales brillando como brasas y expulsando fuego. Permanecimos hasta el anochecer, cuando la lava brilla más intensamente. Hubo un momento de silencio sepulcral que nos hizo mirarnos nerviosamente, hasta que vimos a los guías charlando tranquilamente. Minutos después, los rugidos se reiniciaron.


Una rutina ha comenzado a desarrollarse por las tardes desde que estamos a bordo. Alrededor de las 17:00, Nick aparece con su guitarra o mandolina y toca suavemente algunas melodías. A veces se une un cantante, a veces el capitán con su violín. 







Hoy ha sido un verdadero día de navegación tropical (algunos preferirían el término "a motor"). Ha habido alrededor de 5 nudos de viento todo el día. Por la mañana, todas las velas cuadradas y estays fueron izadas, y decidimos hacer arrastres de red. Después de recoger las redes, escuchamos la orden que ningún marinero celebra: arriar las velas. Íbamos a encender el motor. Sin embargo, el trato se endulzó con la promesa de una parada para nadar por la tarde. En el almuerzo, retrasamos el reloj una hora para coincidir con el horario de Nueva Zelanda, ordenamos la cubierta y saltamos por la borda para refrescarnos.


El agua ahora estaba fresca —en paradas anteriores había sido como estar en una bañera— y nos turnamos para saltar desde la cubierta del balandro, intentando atrapar una pelota de rugby de espuma que los marineros habían comprado en Fiyi. Me recosté flotando, observando los mástiles del Europa balancearse por el rabillo del ojo, mientras la gente reía y jugaba. De vuelta a este momento, una multitud se ha reunido alrededor de Nick. Hans se ha unido con el violín y Amel ha sacado los aperitivos. 


¡Lo único que podría mejorar este día es un poco de viento para poder apagar los malditos motores e izar algunas velas!






















Y por fin, el viento nos acompañó y pudimos navegar, navegar y navegar,.. Noches guardia y luminiscencia. Nada a la vista más que el basto mar sus olas y sus colores. Guardia nocturna para los ultimos dias antes de llegar a Nueva Zelanda, lo que nos regala noches estrelladas y amaneceres de locura, así las noches son más llevaderas. Hasta que por fin, vemos tierra. Y tras 1284 millas náticas llegamos a Auckland, Te Ika-a-Māui (North Island). El viaje llega a su fin.






Con todo el dolor de mi corazón hoy vuelo ya a casa. Duele la despedida, duele dejar atrás mi casa este último mes y a los desconocidos que hoy son casi familia. Cuesta decir adiós a una de las aventuras más fantásticas y piratas de mi vida. Entre abrazos, promesas y alguna que otra lágrima, me bajo del barco con un nudo en el estómago.




A apenas unos metros de distancia, retumba en mis oidos el adiós de la bocina, 2 veces, la tradición de decir "hasta siempre" más bonita del mundo. ¿O será un hasta luego?