Uganda, la perla de África
Un viaje inolvidable regalo por mis 50, siendo viajera esta vez yo, en grupo. Con tiempo y mimo para parar, mirar y compartir, de otra manera.
El viaje tiene ritmo de selva y de sabana a la vez.
Un día es subir durante horas entre helechos hasta encontrarte, con una familia de gorilas de montaña. Adentarse en el bosque impenetrable de Biwindi es ya toda una aventura, pero poder mirar a los ojos a un gorila de espalda plateada es escalofriante.
Otro es ver un chimpancé bajar de un árbol como quien no quiere la cosa. Observarles e incluso seguirles en su periplo diario de exploración en busca de comida o de una rama cómoda donde desperezarse.
Y otro más es cruzar el Parque Queen Elizabeth con la sensación de que los leones también podrían estar mirándote a ti, desde arriba, subidos a un árbol. O ver leopardos, elefantes, jirafas, búfalos, kudus,..
El agua tiene su propio protagonismo: el Nilo blanco empezando su viaje, el canal de Kazinga lleno de hipopótamos que apenas se inmutan cuando pasa la barca. O cocodrilos, o elefantes bañandose,..
Y luego está la gente. Plantaciones de té que aparecen sin previo aviso, pueblos con más color que ruido, sonrisas que no se piden nada a cambio.
Me has robado el corazón Uganda